¿Somos conscientes de cuánta energía desperdiciamos? Es importante reducir nuestro consumo, cambiar nuestros hábitos y convertirnos en usuarios eficientes de energía. A continuación, te explicamos en qué consiste la eficiencia energética.

La sociedad avanza a ritmos insostenibles. Cada día aumenta la producción de todo tipo de productos que también consumimos a velocidad de vértigo. Por otro lado, y aunque estemos más o menos acostumbrados a reciclar, ahora es el momento de aprender otra forma de contribuir a la sostenibilidad del planeta: la eficiencia energética. No somos plenamente conscientes de cuánta energía desperdiciamos a diario ni de la procedencia de dicha energía. No obstante, sí tenemos consciencia de lo importante que es reducir nuestro consumo, en general, y de lo mucho que contaminamos los seres humanos.

¿Pero, qué es la eficiencia energética?

Para poder entender que es la eficiencia energética tenemos que definir, primero, dos conceptos que forman parte intrínseca de su definición: la demanda y el consumo energéticos

La demanda energética es la energía útil necesaria que tendrían que proporcionar los sistemas técnicos para mantener unas condiciones determinadas de confort térmico en el interior de un edificio. Un ejemplo de demanda energética sería la cantidad de energía necesaria que habría que emplear para mantener una habitación a una determinada temperatura. La demanda energética depende, por tanto, de dos elementos de la edificación: la envolvente edificatoria (fachada, ventanas, cubiertas, suelos en contacto con el terreno, particiones en contacto con espacios no habitables, etc.) y la hermeticidad del edificio (cuanto mayor hermeticidad, menos pérdidas energéticas y, por tanto, se reduce la demanda).

Sin embargo, el consumo energético se define como la energía que es necesaria suministrar a los equipos e instalaciones de un edificio o vivienda para satisfacer una demanda concreta. El consumo energético depende del rendimiento de los equipos y las instalaciones, a mayor rendimiento, menor consumo energético.

Como se puede apreciar en la propia definición de consumo energético, éste depende de la demanda. Por lo tanto, si conseguimos disminuir la demanda energética, necesariamente obtendremos una disminución del consumo energético.

Por tanto, la eficiencia energética busca, por un lado, mantener el confort térmico en el interior de las viviendas y edificios y, por otro lado, proteger el medio ambiente mediante la reducción del consumo energético

La eficiencia energética se ha convertido en una forma de cuidar el planeta ya que provoca una reducción de las emisiones de CO2 que enviamos a la atmósfera. Pero, como hemos explicado en los párrafos anteriores, no solo se trata de usar electrodomésticos que consuman menos, si no también incidir en mantener las condiciones de confort con el menor aporte energético

 

Medidas para Mejorar la Eficiencia Energética

A continuación, os contamos dos formas de mejorar la eficiencia energética que os conducirá a un mayor ahorro económico en vuestro hogar.

 

1.- Estrategias pasivas para limitar la Demanda Energética

Para reducir la demanda energética es necesario actuar sobre la envolvente edificatoria. Este tipo de actuaciones se enmarcan dentro de lo que se denominan estrategias pasivas y consiste en la aplicación de medidas que afectan a las fachadas, los huecos -vidrios y marcos-, particiones, suelos y cubiertas. Su objetivo es disminuir las pérdidas energéticas producidas a través de la envolvente edificatoria y garantizar la temperatura interior de confort durante todas las estaciones del año. Por otro lado, el control de la demanda también tiene que ver con el control de la ventilación de los espacios interiores para garantizar la calidad del aire interior.

Imagen: Isover

Algunas estrategias pasivas para reducir la demanda energética pueden ser:

1.1.- Una buena orientación aporta ganancias gratuitas en los espacios interiores, que si son aprovechadas durante los días de más frío, contribuyen a reducir la demanda de calefacción. Por el contrario, el control de la radiación solar en verano, permite evitar ganancias de calor no deseadas, reduciendo así la demanda de refrigeración.

1.2.- Una alta compacidad y un buen aislamiento térmico son criterios de diseño que permiten reducir las pérdidas de energía por transmisión.

1.3.- Los edificios con una alta hermeticidad evitan las pérdidas energéticas por filtraciones de aire y permiten aumentar la eficiencia energética de la ventilación controlada.

1.4.- La instalación de recuperador de calor como parte del sistema de ventilación controlada, permite reducir pérdidas debidas a la necesaria renovación del aire interior para garantizar la calidad del mismo.

 

2.- Estrategias activas para reducir el Consumo Energético.

Eficiencia Energética

Como ya hemos visto en los párrafos anteriores, la disminución de la demanda energética reduce, de forma intrínseca, el consumo energético. Además de la disminución de la demanda, emplear equipos e instalaciones con un alto rendimiento (≥ 75%) supone un ahorro en el consumo energético, ya que supone una disminución del trabajo necesario para producir la energía demandada. La actuación sobre los equipos e instalaciones de la edificación se denominan estrategias activas. 

Un ejemplo de estrategia activa sería instalar en una vivienda sistemas de climatización de alto rendimiento para satisfacer la demanda de calefacción y refrigeración.

 

Y la siguiente cuestión es ¿Cómo se mide la eficiencia energética de un edificio?

Para medir la eficiencia energética de nuestros edificios debemos calcular la cantidad de energía primaria que consume anualmente en condiciones normales de uso y ocupación, teniendo en cuenta todos los servicios utilizados de manera habitual con el objetivo de cubrir las necesidades de sus habitantes y mantener las condiciones de confort, tanto a nivel térmico como de iluminación, así como la calidad del aire interior.

Esos datos nos facilitan unos valores finales de consumo, que se miden en kilovatios hora por metro cuadrado (kWh/m2), y de emisiones de CO, que se miden en kilogramos por metro cuadrado (kg/m2). Valores finales que se corresponden con una letra dentro de la escala de eficiencia energética, en la que la A es la mejor calificación posible en términos de eficiencia y la G, la peor.

Esta calificación queda reflejada en el Certificado de eficiencia energética de viviendas y edificios. La calificación energética de un edificio ha de llevarla a cabo un técnico competente, capacitado para redactar este documento oficial en el que se incluye la información objetiva sobre las características energéticas de los inmuebles. La etiqueta energética asigna una calificación comprendida entre la A y la G prestando atención a los valores finales de consumo obtenidos. Se trata de un certificado obligatorio, salvo excepciones, para propietarios de inmuebles sujetos a operaciones de compraventa o alquiler

 

Eficiencia energética y sostenibilidad

Si bien la eficiencia energética se engloba dentro del marco de estilo de vida sostenible, una estrategia para mejorar la sostenibilidad de los hogares podría ser el uso de energías renovables en los edificios. Esta estrategia busca utilizar energías limpias, también denominadas “energías verdes”, para satisfacer la demanda de energía primaria disminuyendo las emisiones de CO2.

El aprovechamiento de fuentes de energía renovable reduce la dependencia energética en los edificios. Los ejemplos de energías más comunes son:

– Energía solar térmica, para producción de agua caliente sanitaria (ACS).

– Energía solar fotovoltaica, es aquella que se obtiene al convertir la luz solar en electricidad empleando una tecnología basada en el efecto fotoeléctrico. Se trata de un tipo de energía renovable, inagotable y no contaminante que puede producirse en instalaciones que van desde los pequeños generadores para autoconsumo hasta las grandes plantas fotovoltaicas

– Energía geotérmica, para la obtención de energía eléctrica y térmica (calefacción, refrigeración y ACS).

– Energía eólica y mini-eólica para la producción de electricidad. En cuestión la energía minieólica aprovecha los recursos eólicos para generar electricidad mediante aerogeneradores de baja potencia con los que generar energía para el autoconsumo en el hogar. Se considera minieólica porque estos aerogeneradores tienen una potencia de no más de 100 kW.

– El uso de la biomasa, como alternativa a los combustibles fósiles. La energía a través de la biomasa es básicamente utilizar la materia orgánica como fuente energética. Esta materia orgánica, es heterogénea. Pueden ser desde deshechos de agricultura (huesos de aceituna, cáscaras de frutos secos, restos de poda de vid…) a restos de madera, como pellets o serrín.

– La cogenerción y la micro-cogeneración, para la producción de electricidad y de energía térmica.

– El aprovechamiento de los residuos (la basura) para obtener energía limpia.

La idoneidad del tipo de energía renovable a utilizar en los edificios dependerá de los factores climáticos, geográficos y funcionales correspondientes a cada caso en particular. Sólo el desarrollo y la investigación en este tipo de tecnologías, permitirá un uso eficiente de las mismas, así como el cumplimiento de los objetivos de reducción de emisiones y ahorro energético en la edificación para los próximos años, no muy lejanos.

 

Visto lo anterior ¿Qué podemos hacer para ahorrar en nuestra factura energética?

Para reducir la factura energética es conveniente prestar atención a la rehabilitación energética de nuestro edificios y viviendas, como ya hemos visto, interviniendo en la mejora del aislamiento y la hermeticidad para reducir la demanda energética, y rendimiento de las instalaciones para reducir el consumo.

Si estás pensando en realizar una rehabilitación energética de tu vivienda, existen multitud de ayudas estatales, autonómicas y municipales para hacer de tu hogar un lugar más confortable. 

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